Si caminas
en la calle y tu pie cae en un hoyo, vas a un lugar, y regresas por el mismo
camino, la misma acera, el mismo lugar por donde fuiste primeramente, ¿habrás
olvidado el hoyo? ¿Caerás en él una vez más? ¿O sabrás que está ahí para
hacerte mala la vida y te harás a un lado y le cruzarás por el lado sonriéndole
ante tu victoria?
Esto tan
simple suele pasarnos tantas veces en la vida. Pero, a veces, decidimos
nosotros mismos que es más comodo dejarse caer en ese agujero y lastimarnos. Ese
mazoquismo que nos caracteriza y nos vuelve débiles. Simple y llanamente no
dejamos que otras cosas mejores lleguen a nosotros.
Te rompen
en corazón, juegan contigo, te tratan como basura… Tú decides que los abusos se
han terminado, y al rato: ESTAS DE VUELTA A LAS GARRAS DEL LOBO. El miedo a perder lo que somos y lo que hemos
tenido, sea bueno o malo, nos hacen a todos reincidir en cosas que nos matan
poco a poco.
¿Qué le
cuesta a un adicto dejar su adicción? Su vida completa debido a que eso
lo cambió y lo hizo ser quien es. Su vida porque pende de ello. Su vida porque
esa es su nueva vida. Pero si se quiere más que a aquello que lo transforma,
entonces, no dudará ni un segundo en desprenderse de ese VENENO que se está
apoderando de él y poner de su parte para que ese tóxico jamás pueda afectarle
en lo que le queda de vida. Eso que, lo sepas o no, puede llegar a romperte en mas pedazos que la Perla de Shicón (Buscar Inuyasha).
Así que libera de ti esa tonta obsesión que te hace
REINCIDIR en los mismos pecados, en el mismo sufrimiento, en la misma
indignación… En la misma ceguera.
