martes, 5 de junio de 2012

Reincidentes...


Si caminas en la calle y tu pie cae en un hoyo, vas a un lugar, y regresas por el mismo camino, la misma acera, el mismo lugar por donde fuiste primeramente, ¿habrás olvidado el hoyo? ¿Caerás en él una vez más? ¿O sabrás que está ahí para hacerte mala la vida y te harás a un lado y le cruzarás por el lado sonriéndole ante tu victoria?

Esto tan simple suele pasarnos tantas veces en la vida. Pero, a veces, decidimos nosotros mismos que es más comodo dejarse caer en ese agujero y lastimarnos. Ese mazoquismo que nos caracteriza y nos vuelve débiles. Simple y llanamente no dejamos que otras cosas mejores lleguen a nosotros.

Te rompen en corazón, juegan contigo, te tratan como basura… Tú decides que los abusos se han terminado, y al rato: ESTAS DE VUELTA A LAS GARRAS DEL LOBO.  El miedo a perder lo que somos y lo que hemos tenido, sea bueno o malo, nos hacen a todos reincidir en cosas que nos matan poco a poco.

¿Qué le cuesta a un adicto dejar su adicción? Su vida completa debido a que eso lo cambió y lo hizo ser quien es. Su vida porque pende de ello. Su vida porque esa es su nueva vida. Pero si se quiere más que a aquello que lo transforma, entonces, no dudará ni un segundo en desprenderse de ese VENENO que se está apoderando de él y poner de su parte para que ese tóxico jamás pueda afectarle en lo que le queda de vida. Eso que, lo sepas o no, puede llegar a romperte en mas pedazos que la Perla de Shicón (Buscar Inuyasha).

Así que libera de ti esa tonta obsesión que te hace REINCIDIR en los mismos pecados, en el mismo sufrimiento, en la misma indignación… En la misma ceguera.